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No han sido pocas las ocasiones en nuestra historia nacional donde movimientos sociales, obreros, estudiantiles, de pobladores, entre otros, han remecido nuestra cotidianeidad. El mejor ejemplo de ellos son las grandes protestas populares que se levantaron durante los años ochenta a pesar del letargo impuesto por la Dictadura. En estas movilizaciones también estuvimos involucrados los estudiantes.

Durante los últimos diez años el movimiento estudiantil ha pasado de la demanda a la propuesta. Hace diez años en una olvidada comuna de nuestro sur, comienza la histórica movilización de los estudiantes secundarios, donde muchos de nosotros dejamos de ser “niños” a los ojos de las autoridades y nos dispusimos a ser jóvenes, conscientes y responsables, decididos a lograr una nueva educación.

Quizás esta movilización, como tantas otras, formó parte en su inicio del “calendario” de movilizaciones al que estaban acostumbrados los personeros de la Concertación, sin embargo a poco andar, se transforma en un inédito. Los estudiantes no solo estaban en contra alguna medida específica del Gobierno de turno, si no que querían cambiar las cosas. Dentro de este petitorio había solicitudes de cambio tan estructural como la derogación de la LOCE, derogación del DFL que regulaba los centros de alumnos y por ende, la organización estudiantil, el fin a la municipalización de la enseñanza, entre otras potentes demandas.

¿Cómo lograrlo? fue la pregunta de ese momento y la movilización, coordinada y unificada la principal herramienta para responder esa pregunta.

Hoy 5 de mayo de 2016 los secundarios y universitarios vuelven a salir a la calle, no solo por un aniversario sino porque el 2006 nos dimos cuenta que se podía más, que no solo bastaba con decir que no, sino que había que proponer, había que investigar, había que crecer

Probablemente una de las principales fortalezas y enseñanzas de ese movimiento fue una forma de organización, construcción y de hacer política nunca antes vista en el espacio estudiantil. Antes del 2006 los espacios políticos de los estudiantes estaban copados por juventudes políticas, de gobierno o no, algunos de ellos con pocos escrúpulos, que terminaban por asquear a la mayoría de nosotros. Sin embargo, los representantes de ese año tenían muy claro lo que eran, representantes de una voluntad mayoritaria que se expresaba en espacios democráticos de discusión local, regional y nacional, independiente de las militancias o posturas políticas de los dirigentes.

Esta nueva forma de ver y hacer política es una herencia que tenemos hasta el dia de hoy. Los estudiantes secundarios del 2006 no solo cambiamos Chile, legitimamos la movilizaciones social e hicimos de los espacios estudiantiles espacios democráticos de deliberación inclusiva. Premisas que se mantuvieron para el 2011, cuando muchos de estos secundarios estábamos en la Universidad para el contragolpe, para rehacer y resignificar la política estudiantil.

No existe 2011 sin 2006, no solo por cronología sino por experiencia y descontento acumulado. Hoy 5 de mayo de 2016 los secundarios y universitarios vuelven a salir a la calle, no solo por un aniversario sino porque el 2006 nos dimos cuenta que se podía más, que no solo bastaba con decir que no, sino que había que proponer, había que investigar, había que crecer…. había que ponerse serios y tomar la educación en nuestras manos.