Aparecido primero en El Mostrador

Muchas veces al hablar de democracia y democratización en las instituciones de educación superior se nos dice que queremos “gobernar” la Universidad, que los estudiantes solo queremos poder, vacío y sin objetivos. Sin embargo, para los estudiantes de la Universidad de Valparaíso (UV) ha sido una batalla constante durante los últimos nueve años, que no solo se ha centrado en la elección de autoridades unipersonales, sino también en la apertura de espacios de discusión y deliberación respecto del devenir de nuestra institución.

El año 2007 nuestra universidad atravesó una profunda crisis institucional que desató movilizaciones, lo cual implicó la paralización total y absoluta de las actividades académicas por cerca de tres meses para lograr la destitución del Rector de ese entonces, Juan Riquelme Zucchet, quien amparándose en los estatutos orgánicos aprobados por la Dictadura, forjó un rectorado autoritario y corrupto que desató uno de los movimientos internos más grandes que haya visto la UV en los últimos diez años.

En este contexto, durante el año 2008, luego de la salida de Riquelme, se realizan elecciones de Rector anticipadas, en medio de un agitado clima donde un sector mayoritario de la comunidad universitaria, no solo los estudiantes, reclamaba participación triestamental en dicho proceso, es decir, que se abriera la posibilidad de incidir formalmente a Funcionarios, Estudiantes y Académicos, independientemente de su situación contractual con la Universidad. Estas elecciones se desarrollaron de la manera tradicional bajo el resguardo de Fuerzas Especiales a las afueras del local de votación, resultando electo el actual Rector Aldo Valle.

Luego de la elección el Rector Aldo Valle se compromete a dos cosas: 1) la estabilización institucional para salir de la crisis económica y política resultante de la administración anterior y 2) la realización de un referéndum triestamental que pudiese ser un consenso de la comunidad universitaria respecto a los Estatutos Orgánicos que la regirán en el nuevo periodo abierto por las movilizaciones. Dicho referéndum, por distintos motivos, se realiza el año 2012, de forma triestamental y tiene como resultado un nuevo Estatuto que debe tramitarse en el Parlamento para poder ser puesto en práctica.

Entre el año 2007 y el presente, sin embargo, se han logrado avances en democratización de espacios sin la necesidad de estar vigente el nuevo Estatuto que, por lo demás, aún duerme en el Congreso para su tramitación final. En la materia de elección de autoridades unipersonales, el año 2009 se realizó la primera consulta triestamental para la elección de Director del Instituto de Historia y Ciencias Sociales, la cual se siguió realizando el 2011 y 2015. En 2010 y 2014 la elección del Decano de la Facultad de Humanidades y en 2015 la elección de todos los Directores de las Escuelas de la Facultad de Arquitectura.

En cuanto a la participación de estudiantes y funcionarios en organismos colegiados, desde el 2008 contamos con participación triestamental en el máximo organismo colegiado y resolutivo de la Universidad, el Consejo Académico Ampliado, donde participamos con voz y voto sobre la base de las ponderaciones históricas de la reforma universitaria del 68. Aun así, sobrevive por sobre este Consejo la figura de la “Junta Directiva”, institución que consideramos debe eliminarse, por no representar el interés de la comunidad universitaria.

En el caso de las Facultades e Institutos, los Centros de Estudiantes participan en los respectivos consejos, también con voz y voto, sobre la base de las ponderaciones históricas. Lo anterior no solo demuestra que es posible avanzar internamente en democratización sin la necesidad de esperar a que la ley “nos obligue”, sino que también evidencia que si las autoridades actuales creen verdaderamente que es necesario abrir espacios a la comunidad, con incidencia real, es posible hacerlo.

Creemos firmemente que una reforma educacional que no contemple la apertura democrática de los espacios institucionales y que permita la mantención de grupos controladores o juntas directivas ajenas a la comunidad, es una reforma superficial que no garantiza la posibilidad de aportar a las necesidades del país.

Para nosotros, como Federación de Estudiantes, para Funcionarios y Académicos, es importante recalcar los avances que hemos logrado desde el 2007, ya que, si bien las generaciones actuales de la UV no vivimos ese largo proceso de logros y fracasos, somos herederos de una nueva forma de hacer política, así como de una nueva cultura organizacional de la Universidad. Hemos aprendido y visto con nuestros propios ojos cómo la movilización, el diálogo y la elaboración política de la comunidad universitaria han traído buenos frutos y beneficios para nuestra institución, como lo son las definiciones institucionales del CAA con respecto a transparencia, lo que ha tenido no solo un amplio respaldo de la comunidad, sino que también va en la línea de lo que se espera de una universidad realmente pública. Hoy podemos decir que tenemos una UV mucho más pública porque es más democrática, como debería ser la lógica de las instituciones del Estado.

Creemos firmemente que una reforma educacional que no contemple la apertura democrática de los espacios institucionales y que permita la mantención de grupos controladores o juntas directivas ajenas a la comunidad, es una reforma superficial que no garantiza la posibilidad de aportar a las necesidades del país.
Esperamos que este año, 2016, sea el último donde en nuestra casa de estudios se realicen elecciones de autoridades unipersonales bajo el alero de Estatutos Orgánicos heredados de la Dictadura. Esperamos también que este sea el último año donde tengamos que discutir una reforma que no solo no nos considera en su formulación, sino que tampoco nos considera como actor dentro de nuestras universidades y ha derivado la democracia a una necesidad de segundo orden, como si no fuera el puntapié inicial de mayor transparencia y consecuencia con la Educación Pública.

 El 2007 nos enseñó que el autoritarismo y la falta de transparencia solo son posibles de ser resueltos con Democracia y que esta solo es posible alcanzarla en conjunto todos los estamentos. En este sentido, nuestra forma de organización triestamental, con altos y bajos, defectos y virtudes, ha sido un proceso que hemos recorrido como comunidad, celebrando los aciertos, lamentando y solucionando los errores, porque incluso las nuevas generaciones tenemos la firme convicción de que construir Universidad no puede hacerse de otro modo.

CARLOS VERGARA, sec. gral. FEUV